Voayeurismo Gourmet

por Marina Dominguez

19 may 2012

Me encanta espiar a mis vecinos de enfrente. Paso horas junto a la ventana viendo como viven su vida. Al principio fue sólo por curiosidad pero se ha convertido en una necesidad. Cada día a eso de las nueve de la noche me camuflo detrás de las cortinas con mi libreta y apunto todos sus movimientos.

Cuando esta afición empezó mi mujer se sentía avergonzada, pero desde que ponemos en práctica todo lo que voy anotando es mucho más feliz… No me entendáis mal, lo que veo desde la ventana de mi salón es su cocina; no se como será su vida en el resto de las habitaciones, pero desde luego en la cocina ¡cada día es un acontecimiento!

(…)

Del olivo al cielo

por Marina Dominguez

19 may 2012

Ocupa un lugar privilegiado en la cocina mediterránea y su expansión por el resto del mundo es imparable. Su sabor y su aroma nos remiten al origen de la humanidad. Nos alejamos de la civilización para reencontrarnos con la tierra que da vida al aceite de oliva.

Hace tiempo que la carretera quedó atrás, por delante, un camino lleno de piedras, no se ve el final. Huele a tierra mojada, el cielo augura lluvias torrenciales y en medio del campo esto da miedo…pero el entusiasmo de Enrique, nuestro guía, hace que nos olvidemos del mal tiempo. A medida que se acerca nuestro destino el paisaje cambia. El amarillo se va transformando en verde y campos de amapola, a uno y otro lado del río Tajo dan paso a cientos de hectáreas habitadas por miles de olivos.

(…)

El “Primer Mundo” pasa hambre

por Marina Dominguez

19 may 2012

Cuando en los años cincuenta la sociedad española inició la apertura económica y se zambulló tan contenta en el paraíso de las compras a plazos, nadie advirtió que, en no mucho tiempo, las generaciones futuras estaríamos con el agua hasta el cuello, y que al borde del hundimiento de nada nos serviría aquel frigorífico que está en nuestra cocina pero que aún, ni siquiera es nuestro. La sociedad de consumo había llegado para quedarse, y con ella aparecían nuevas “necesidades” que podíamos satisfacer en cómodos plazos. Hoy, en pleno siglo XXI el tan ansiado desarrollo nos ha salido caro. Los sueños del primer mundo se han construido sobre un espejismo en el que el fin último es poseer, sin importar los medios. Este modelo nos ha sumergido, no solo en una crisis económica, si no en lo que es peor, una crisis de valores.

(…)